13 de mayo de 2019

Un ratón en venta : una historia de Akane (Japón)

Esta es una historia escrita por una de mis estudiantes de 

Básico 3: Akane, de Japón.

En ella hace una descripción del ambiente de la tienda en la

que vive un peculiar ratoncito y nos cuenta cómo encontró al 

dueño perfecto.

Mira la historia y revisa cómo usa los pasados básicos.

Akane no sólo incluye muchos verbos en pretérito y

copretérito, sino que también usa muy bien el objeto directo 

e indirecto.

En el barrio había una tienda con un letrero en la puerta que decía “Mouse for sale”, que quiere decir: “se vende un ratón”.
Un día un niño salió de la tienda, llevaba una camiseta amarilla, una gorra marrón e iba acompañado de un loro verde que compró ahí, podríamos pensar que todos los animalitos tenían la esperanza de encontrar un dueño en esa tienda…pero había uno que no tenía mucha suerte.

Dentro del lugar había unas jaulas pequeñas y otras grandes; había una más grande al fondo, un ratón estaba sentado en esa jaula. El ratón era muy peculiar: tenía la piel gris y orejas grandes de color rosa. En su jaula había una llave de agua, un sube y baja y una rueda. Permanecía mirando hacia la puerta, esperando a alguien para jugar juntos. Un día se cansó de esperar, porque vio que nadie llegaba, se volteó y se acostó en el sube y baja, estaba triste.

Así pasaron varias horas, hasta que, mientras descansaba, entraron dos niños. Quería jugar con ellos, el ratón brincó en la jaula y movió las orejas. Los niños se dieron cuenta de que había un ratón ahí, entonces él se puso feliz y movió sus grandes orejas muchas veces, pero los niños se burlaron de él y se fueron. El ratón se puso muy triste. En ese momento, una cochinilla apareció y se burló de él, después se fue.

Estaba sintiendo otra vez una gran decepción cuando otro niño entró. Él llevaba una camiseta rayada azul y audífonos muy grandes. Se acercó a una jaula que estaba cerca de la puerta. El ratón quería llamar su atención y buscó algo para hacerlo. Puso un cacahuate en su sube y baja para lanzárselo al chavo, pero no funcionó, porque pegó en el vidrio. La cochinilla se rió mucho. El ratón se enojó y tomó a la cochinilla para usarla como proyectil. Se la lanzó al chico, le pego en su audífono y lo apagó. En ese momento, el chavo le puso atención al ratón y se acercó a su caja. Cargó al ratón, lo puso a la altura de su cara y sonrió. Se quitó los audífonos para mostrarle que él también tenía unas grandes orejas. 

El chavo compró al ratón y fueron felices para siempre.

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